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El Principio

Rompe el alba... Despierta.

Rompe el alba... Despierta.

 

Viviendo ese instante, en medio de una multitud que entona las mismas palabras, siento latir mi corazón cada vez con más fuerza, más apresurado.

Me sitúo en aquel punto estratégico; un banco perfecto y me dispongo a emitir la señal esperada.

Veo pasar caras desconocidas, ojos que se sienten observados, pies que se mueven al compás. Van pasando las letras, las personas y los acordes mientras me pasean los pensamientos por la cabeza, entre trago y trago.

Oyendo palabras sin escucharlas, miro pero no veo nada... Y vuelvo a sentir palabras y más palabras que no atiendo.

La espera es larga en la noche más corta. La desazón es inevitable, el deseo desesperado. La falsa calma aparenta estar, la inquietud me hace temblar. Vuelvo a buscar y pierdo la mirada en ojos que me miran y no me dicen nada.

Cambio de escenario, comienza el espectáculo. Cuerpos tibios, juntos, suaves, excitados... Cuerpos que me impiden el paso, que me privan observar. Me siento aturdida, no quiero pensar pero me viene a la memoria, no lo puedo evitar. Sigo mi camino, me guía el sonido, me tira el latido. Me meto como un animal en tu camino, no me doy cuenta de que me resisto a esconderme. Quiero ser encontrada...

Busco con la mirada, expectante a la mano que me toque, unos brazos que me envuelvan, unos labios que me sonrían plenamente. Ilusiones...

Sigo la letra de manera inconsciente y a la vez intento adivinar el terreno silenciosamente. No está...

Me hablan las letras, identifico momentos por vivir, esos que dejaremos aparcados en el eco de nuevas risas, instantes por llegar. Escucho e imagino. Sueño...

Levanto los ojos hacia el cielo buscando aquella estrella, la que brilla especialmente por encima de las otras y espero que me hable, que me envíe una señal. Y de pronto, mi corazón se inunda de una melancolía predestinada. Nostalgia que me habla sin querer ser escuchada. Y es entonces cuando entiendo que el camino es largo y que son muchas las paradas que he de hacer y pocas las indicaciones que me orientarán. Todo es oscuro, demasiado y sin el marrón de tus ojos.

Dentro de mi siento que estás presente y me apresuro a salir de la cueva. Quiero ser encontrada...

Mientras, sigo mascullando entre dientes, me empeño en encontrar tu mirada. Y ahora es cuando escucho aquellas palabras que nos recuerdan, que me hacen volver a pensar en ti. Seguro que también las estás escuchando, lo presiento y me vuelvo a estremecer.

Prisionera por la impotencia que me invade, siento desfallecer las esperanzas soñadas y percibo el desmayo de tu esfuerzo en un final imposible. Huida inmediata. Esperanzas batidas por el miedo y el desengaño. Herida invisible. Dolor en el corazón. Mordisco en el alma.

Llega el final y caen lágrimas del cielo. ¿Estrellas que lloran? Será la luna... Las luces se apagan y la tristeza clandestina se refleja en mi silencio. Buscando por última vez aquel rostro secreto y recordando que una sola mirada habría bastado, no hacían falta palabras...

Huérfana de esperanzas busco cobijo para guarecerme. Tempestad que a cada paso se aviva y se enfurece más y más. Veo en el cielo un espejo donde mirar mi reflejo y me siento cada vez más pequeña. Falsas ilusiones ahogadas...

Vuelve a sonar dentro de mi el dulce rumor que me recuerda el sueño deseado y me encamino a encontrar una respuesta. Ilusiones añoradas...

Respuesta que no se hace esperar y que me desnuda hasta que rompe el alba y me mira mientras me llega una música suave. Son las horas soñadas... Despierta.

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