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El Principio

Implosión

Implosión

Hace unos años, por aquello del que ya tocaba, decidí empezar a volar sola. Comprar un piso, arreglarlo, vestirlo y vivirlo. De los pocos recuerdos que me quedan, sí tengo el sentimiento de independencia y haber sabido valerme por mí misma, aunque también estaba el de soledad. En poco tiempo todo cambió, no sé si por prisas o porque debía ser así, el caso es que ocurrió y emprendí una aventura pensada y más que pensada. Con el absoluto convencimiento de que no me quedaría con las ganas de saber qué pasaría. Si me equivocaba, podría contarlo, pero quedarme con la duda es algo que pocas veces he hecho.

Siempre he sido de pocas aspiraciones (será que el subconsciente es más práctico que yo); una casita desde la que pudiera ver el mar y una piscina. ¡Y mira qué cosas! El tiempo me lo trajo, añadiéndole algún viaje que también soñé en su día. Si a todo esto le sumamos amor, la estabilidad y algún que otro sobresalto, así pasó algún tiempo.

Y llegó el día en el que la burbuja estalló. Tremendo, fue tremendo. Los análisis, las lágrimas, el sentimiento de culpa, el de abandono, el arropo por parte de algunos, la ignorancia por parte de otros y el olvido de varios más. No hay reproches, a estas alturas ya no existen.

Pasó más tiempo y me reconstruí como mejor supe o pude. Con la ayuda de algunas personas monté el rompecabezas. Muchos se han quedado en el camino, de la misma manera que yo me quedé en el de otros. Pocos, muy pocos nos podremos llamar amigos y, dadas las circunstancias, será el tiempo el que se encargue de difuminar los lazos.

Hasta que llegó el momento en el que tuve que hacer aquello que tanto temía, lo peor es la decisión, sin duda. Reconocer que he fracasado en todo y debo plegar velas es durísimo. Y debería agradecer todas las muestras de apoyo, todos esos “es una oportunidad”, “una nueva meta”, “fer net” que dicen… Mi parte pragmática me grita que es un fracaso estrepitoso y no enumeraré cada cosa o sentiré la vulnerabilidad hecha añicos.

Recojo mis cosas, no, no… Escojo entre todas mis cosas las que creo imprescindibles para llevarme y empiezo de nuevo a romperme. Los recuerdos de mis viajes, mis libros, mi música, mi ropa, mis muebles, mis fotos, esas cosas que siempre tengo a mano y ahora debo tirar o encajar. Imposible dejar de recordar, con la mano en cada objeto, alguna anécdota de cada cosa que me ha acompañado durante tanto tiempo.

Y una vez más, me trago las lágrimas o las suelto, da igual… Y tiro a la basura parte de mi vida. Unos dicen que pensando en que el futuro será mejor, la realidad me deja una vacío enorme, duele… claro que duele, es mi vida resumida en pocas cajas y una pila interminable de cosas que veo en el contenedor de abajo.

Lo que más me ha dolido, mis libros. Fue lo primero de lo que me deshice y creo que fue un acierto. Lo último mi música, recuerdo tras recuerdo encerrado en cajitas de plástico que hoy se pueden recuperar en internet, pero la cajita ya no la volveré a ver. Por ahora el recuerdo tampoco lo quiero demasiado presente.

Llega el día del viaje que, gracias a la preocupación por cómo lo pasará el gato, es cómodo y rápido. Instalación, caos. El espacio real y mental se reduce a fracaso nuevamente.

Cierto es que aquí todo ha cambiado, incluida yo. El día que me fui, jamás pensé en que dividiría mi corazón. Tampoco merece mucho la pena enumerar lo que voy viviendo, simplemente mi sitio está en otro lugar.

Y este puede ser un buen punto de partida. Por el momento no hay futuro, el pasado ha quedado aparcado, luego solamente queda el presente.

Escribir esto es soltar lastre, dejar alguna lágrima más y constancia de que no quiero revivir el pasado, aunque siempre vivirá conmigo.

He llegado a un punto en el que casi todo me da absolutamente igual (es incierto, aunque escribirlo me gusta), las vivencias nos curten a todos, para bien o para mal. Es posible que el día de mañana, cuando todo haya pasado, sea incapaz de leer todo esto, al igual que el resto. Pero ahí está, para cuando sepa, o pueda, o quiera hacerlo de nuevo.

Sigo buscando esa tranquilidad mental que un día se fue de fiesta y a esta hora sigue sin volver. Si es posible, los que no están invitados a la fiesta, intentad pasar de puntillas, no vayáis a espantarla cuando decida regresar.

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