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El Principio

¿Quién sabe de castillos?

¿Quién sabe de castillos?

¿La situación lo requiere o siempre fue así?

Esta falta de actividad hace que todo se monte y se desmonte rápidamente en su cabeza. Bueno… no es cierto que sea tan rápidamente, al menos ella no lo percibe así.

Durante los dos días que tarda en ver el suelo roto, el desgaste es supremo.

¡Venga, decídete! ¿Te atreverás a tomar ese camino? Le lleva casi un día tomar la decisión, aunque al minuto ya había decidido aceptarlo. Prefiere darle un tiempo a la intuición y macerar la idea, para acabar entregándose nuevamente a su instinto.

Al segundo día, comienza la edificación seria del castillo, ¿qué haré si me encuentro a aquellos?, ¿sería mejor avisar? No, aunque me lo hayan aconsejado, sería como pedir permiso por volver a cruzarme en su vida. ¿Seré capaz de tranquilizar mi alma? Si dejas pasar la oportunidad, jamás sabrás la respuesta. ¿Eres consciente de alejarte de quien más te quiere? Sí, sabrá aceptarlo, son 200 kilómetros más. ¿Qué representa realmente lo que te han ofrecido? Aunque es extraño, prefiero descubrirlo y ya sabré defenderme, si es el caso…

Se cumple el plazo. La realidad le devuelve eso, empirismo ajeno en estado puro. El suelo era del cristal fino de una telaraña, eran necesarios aquellos castillos para seguir desgastándose. Quien sabe si asumir su futuro próximo le costará miles de castillos más, destrozados por un viento terral. Quien sabe si su suerte cambiará momentáneamente, dejando un castillo con una desvencijada almena. Quien sabe…

Lo que asegura rotunda es que, en la mitad de su vida, ya tiene un sueño, por inalcanzable o por tozudez, quien sabe. Aunque sueño al fin. Por mucho que mira hacia atrás, jamás tuvo una predisposición absoluta. Ilusiones muchas, unas acabadas y otras hasta cumplidas.

Ella y los doce años de hoy se contemplan, manteniendo el pulso hasta que…

¿Quién sabe?

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