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El Principio

Desde el tejado

Desde el tejado

Hace tiempo que vive instalada en lo alto del tejado. A veces despliega la escalerilla que da acceso a la buhardilla, sube y después de pasear a oscuras por un laberinto de cajas y muebles viejos llenos de polvo, abre la pequeña ventana que está cerca de la chimenea y sale al aire libre.

Suele sentarse al final de una de los aleros de su tejado, con los pies colgando, y mira las ventanas del resto de casas intentando adivinar las vidas que hay dentro. A veces, cuando su imaginación no la permite saber las historias que se cuecen en aquellas casas, llamaba al Largo, es su amigo imaginario (o no); una especie de muñeco de trapo, sin ojos ni sonrisa, con un sombrero de copa que tiene la habilidad de ver detrás de las paredes. Ellos son compañeros de teja desde hace muchos años, justo desde el momento en el que ella decidió subir para estar sola y huir un momento de casa.

A él le encanta imaginar la vida de los otros, los sueños y las ilusiones que se esconden sobre los tejados que ve desde lo alto de aquella casa. Y es por eso que el uno al otro, muchas veces, se sirven de ayuda. Hay días que incluso discuten sobre qué ve cada uno en la vida de los otros y qué esperan de las suyas.

Ya le queda poco para volver dos pisos más abajo. La fecha se aproxima. Sólo necesita un poco más de tiempo para recuperarse del todo. Descenderá de nuevo por esa escalerilla y desandará aquellos pasos entre viejos muebles y cajas apiladas.

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