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El Principio

El relato de unas manos

El relato de unas manos

Dicen que las manos definen quienes y cómo somos. Son el mapa de nuestra existencia. Son la expresión del todo y, en ocasiones, más que el rostro.

Cuando éramos niños, la mano de nuestros padres era el ancla tangible, la fe que nos conducía, la salvación segura frente al miedo. Con el tiempo, ya siendo padres, la mano de los hijos es el calor final.

La mano es el objetivo sensual para el primerizo, cuando el amor comienza a alzar el vuelo.

La mano es la que sella una amistad o un trato después de estrecharla. Es portadora de la alianza, el don que representa el todo.

Son el golpe o la caricia, la amistad o el gesto obsceno, la seña que salva o que condena. En ellas encontramos las huellas que nos dicen quienes somos, incluso para algunos, en sus líneas se halla escrita nuestra vida, la edad que viviremos, lo que sufriremos o disfrutaremos.

El uso de las manos le otorga al hombre el poder que tiene ahora, sólo es necesario unirlo al desarrollo del cerebro.

Las manos nos cuentan la edad de una persona mucho más que la cara. La estampa del trabajo realizado, los años limados en caricias.

Son sensuales, terribles o bellas. Sudan de nervios y tiemblan por sensaciones. El grosor de sus venas, la forma de sus uñas, la dureza de su piel, la suavidad de sus yemas son el semblante de cada uno de nosotros.

Las manos tienen el poder erótico en sus dedos y en la forma de rozar el cuerpo amado. Son portadoras del odio más atroz con el puño cerrado. Con un leve gesto se cae en la más profunda de las indiferencias.

Los gestos de las manos dicen que nos delatan, ciertamente. ¿Por qué será que siempre nos enamoramos de unas manos?

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