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El Principio

Sueño de niños

Sueño de niños

Dicen los que de las cosas de la humanidad saben, que en torno a los siete años nuestro carácter y personalidad está formada y, llegada esa edad, poco cambiamos.

Por mi propia experiencia y analizándome junto a la vida de aquellas personas con las que he ido creciendo, me sumo a dicha afirmación casi determinista. La personalidad, lo que somos como individuos, va a vehicular nuestro comportamiento y por tanto nuestro futuro. De ahí la importancia de la formación en la infancia.

Navegando entre las historias de papel siempre me he sentido enamoradiza, me viene desde esa edad de sueños. En una primera etapa mis amores fueron el mago Merlín, Bambi y Dumbo. Luego, en los tiempos en que una comienza a tener más definida la orientación y el deseo, me volqué en mis héroes musicales a los que amé tanto como a aquel chico del verano. Después llegaron Osiris y Horus, príncipes de mi turbada prepubertad.

Con los años uno deja de enamorarse de imaginarios. Se olvida del papel y el celuloide y comienza a escarbar en las pasarelas de lo cotidiano en busca de esos amores de andar por casa. Porque el amor es un tesoro que perseguimos desde infantes. ¿Qué hay en los cuentos de niños y adolescentes sino amor o falta del mismo?

Hay quien piensa que con los años, las personas se hacen inmunes a los golpes y abrazos de la vida. Nada más lejos de la realidad. La vida con cada pincelada, cada zarpazo o cada caricia vuelve a hacer de nosotros unos niños sensibles a todo cuanto nos sucede.

Lo que sí es cierto es que con los años, cada vez queden menos lágrimas, besos o sonrisas para expresar. Mientras tanto y según vaya agotándose la arena de mi reloj, seguiré soñando como una niña. Continuaré paseando por los recuerdos de hace unos días.

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