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El Principio

El primer regalo

El primer regalo

Hoy le he robado una hora al trabajo y nos hemos sentado a la mesa tres. Los recuerdos, otra persona y yo.

Como todas las conversaciones, ésta ha sido rápida. Hemos pasado por el resumen global de los problemas diarios, por una noticia vital para una de las partes, por la agonía de un futuro divorciado, la ilusión de un cambio y hemos acabado recordando la niñez.

La otra cara del recuerdo me ha contado que nació muy pequeño, tanto que la familia pensaba que no sobreviviría.  La abuela le llevaba siempre en su amplio regazo para darle su calor y, a la noche, le ponían alrededor un cuadrado perfecto de toallas calientes envueltas en algodón para que su cuerpo siguiera manteniéndolo.

Me ha parecido tan tierno y humano que me ha costado lo que no está escrito no romperme allí mismo. La mejor excusa para rematar un día tocado.

Tres años y medio de pelea con el sinsentido y de lucha conmigo misma acabarán en breve. Como cualquier condena que se precie, le queda una semana y un día.

El alivio ha salido en forma de promesa rota, no más lágrimas. No hay nada como prometerse algo a uno mismo y no cumplirlo. Ahí está la auténtica debilidad. Quiero, quiero, quiero… pero no puedo. Para acabar con un saco de dilemas que me distraen de la historia principal, el alivio.

Ya tengo mi primer regalo de cumpleaños y con un día de adelanto. El carpetazo a una etapa, el comienzo de otra y la bendición administrativa. Sólo falta una firma, del cartel cerrado por falta de personal, ya me ocupo yo.

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