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El Principio

Lugares de encuentro

Lugares de encuentro

A los bares o lugares de encuentro y en un sentido amplio, se les ha cantado siempre, fuese cantina, antro, tasca, taberna, tugurio o pub.

Desde los corridos y llantos maleados de Jose Alfredo o La Vargas, hasta el pop más de garaje. Ahí quedaron aquellos bares que lugares de Gabinete Caligari, el Penta de Nacha Pop, el visite nuestro bar de Hombre G, el peor que el sol de Sabina o el Rockola de La Mode que era, evidentemente, más que un bar pero lo tenía todo de lugar de copas, música y cómo no, de encuentro.

Si edifico mi memoria sentimental a base de recuerdos emocionales; las canciones de mi vida, los primeros besos, los segundos achuchones, las terceras caricias y los continuos batacazos. Está claro que muchos de ellos van unidos a esos lugares de negro y humo, de barra y codo, asientos esquinados y miradas.

Todos tenemos un bar al que agarrarnos, un pub donde prendimos nuestros sueños o amores. A los bares de entonces no hay que volver nunca, lo mismo que nunca se regresa a los antiguos amantes, igual que no debe volver uno a sentarse en las aulas perfumadas de la infancia, porque entonces todo se volvería más pequeño, sutil o etéreo y perderíamos la parte idílica que tienen los mitos.

 De los bares se escribe y en ellos se canta, hasta nacen con ése fin… los espantosos karaokes. Otros son pasto de cánticos amables o terribles de espitas o bacantes. Y otros, con los que hoy me quedo, ésos de los que ya no quedan muchos. Los de la música en directo.

Atrás quedaron Atocha 109, la Mala Fama, Komitté, Agora o Morocco donde mi camino se cruzó con el genio del que Sabina dijo: “No le he conocido ningún enemigo, nadie que hablara mal de él: era un santo laico. No había tipo más bueno, con el corazón más en la mano”. Inicios inciertos para futuros que ya marcharon.

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