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Inventando mareas

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Edifico mi recuerdo sobre una noche frente al ordenador, escribiendo palabras sin voluntad por ser ordenadas, cruzando contigo sueños sin nombre y distraídas fotos de mensaje suave.

Peleando contra la desidia del insomnio, intenté cerrar los ojos por si conseguía esquivarlo y, al abrirlos de nuevo, allí estaba el correo, un correo trasnochador.

¿Qué haces despierta? ¿Recuerdas?...

Durante días, palabras que viajaban por un espacio cada día más estrecho, deseos y silencios intentando saber sin tener un desliz en forma de pregunta.

Cada día esperaba delante de ese frío aparato sin corazón. Pero, para mí, era un camino a otro lugar, una entrada a sueños y calor; tu puerta. Salvo una compañía y un apoyo mutuo, ninguno buscábamos nada.

Hubo risas, confidencias y canciones, con las que compartimos aquel universo. Nos acercábamos cada día, en cada mensaje. Pasos de un camino aún por descubrir.

Mensajes de ordenador, noches que se disfrazaban de madrugada, palabras y más palabras, segundos, minutos y horas, esperando tus mensajes desde el silencio.

Repartidas en el jardín de mi salón se encuentran tus desayunos, tus palabras, tus gestos, tus sentimientos. Tuyos y míos, unidos por no sé qué fuerza ni qué lazo caprichoso.

Quiero recordar cada uno de tus mensajes. Tus palabras y las mías recorriendo caminos invisibles, se encontraron para acabar abrazadas… Amándose.

¿Recuerdas cuando escribimos juntos en la distancia nuestro encuentro? Un cruce de caminos, una terraza al sol. Llegaré tarde, no te preocupes, sabré esperarte. Una sonrisa tímida. Inventábamos mareas sin manejar el timón del barco.

Amigo mío hoy ya descanso pues no espero tu mensaje, sé que no llegara. Me voy porque mañana despertaré a tu lado. Entre los pliegues de tu sonrisa, la cercanía de nuestras manos confundidas en abrazo y el calor de los mimos vestidos de palabra.

Esta será mi última carta, de todas, la única que te llegará. Mi amigo, mi compañero del amanecer…

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27/12/2011 11:57 elprincipio #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Muñeco sin ventrílocuo

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Me lo dijo mi amigo en la última conversación telefónica: Acabo de despedir a una colega que vino desde España para conocerme. Le agradecí el detalle pero me tardaba que se fuera. Detesto que alguien me admire. Esa colega decía que mi veteranía y mi temple, le inspiran confianza. ¡Por favor, niña! A mi edad lo que espero de una mujer no es que me admire, sino que me acorrale, que me ponga con la espalda pegada a la pared y que su boca sea la única escapatoria de la mía.

Me contaba L. que había llegado a una edad en la que la seguridad era, en cualquier caso, peor que el peligro. Todavía conservo una carta suya de hace un par de años en la que me decía: Es cierto que cuando era joven deseaba con toda mi alma triunfar en mi trabajo. Me sentí el rey del mundo durante el primer viaje que emprendí. ¡Qué tontería, niña! Ahora daría lo que fuera para que aquel billete de avión me hubiera enseñado su verdadera cara. Me estoy haciendo mayor, muy mayor. Exagerando un poco he entrado en esa edad en la que un hombre es demasiado mayor para iniciar cualquier tipo de vida diferente.

He tenido todo tipo de suertes con las mujeres. En mi último encuentro con una, ella entró en la habitación y me preguntó para qué diablos quería una cama tan grande. Lo entendí a la primera, de modo que le serví el café frío para que se largara casi antes de haber entrado. Me dolió, sin embargo aquella mujer tenía razón.

El año pasado me avisaron que rondaba por la zona una ladrona peligrosa. Puede que no me creas M., pero aquella mujer tan peligrosa se presentó de noche en mi casa sólo para advertirme de que había dejado la puerta abierta. Aquello fue muy decepcionante para mí. Sin diferencia me hizo más daño que el peligro. ¿Qué diablos les pasa a los delincuentes, M.? ¿Cómo pudo ser que aquella mujer fuese más amable conmigo que mi urólogo?

Admiro el talento de L. y entiendo y comparto la amargura con la que me habló aquella noche. Guardo como un tesoro una nota que dejó olvidada en mi bolso en la que decía: Cada noche antes de dormir, me da miedo la soledad en la que vivo. A veces imagino que se acercan desde el fondo del pasillo las pisadas de una desconocida, entonces me quedo dormido. Me tranquiliza la esperanza de que una mujer me proteja de la soledad, del silencio y del miedo. He llevado la vida indecente de un muñeco con la desgracia, amiga mía, de no sentir nunca entre las piernas la mano del ventrílocuo.

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02/12/2011 19:45 elprincipio #. sin tema Hay 1 comentario.

La lealtad

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La lealtad es un valor básico para ir por la vida, luego hay quien la merece y quien demuestra no merecerla.

¿La lealtad existe o son intereses creados?  Aunque no es un valor que está en alza, existe. Sin embargo, cada persona tiene deslealtades diferentes.

De base, el ser humano es egoísta y tiene mucho miedo a los adjetivos. El egoísmo o la ambición no son malos siempre y cuando se controlen. Tanto en el amor, la amistad o la lealtad, hay una parte fundamental de egoísmo que no deberíamos avergonzarnos de ella. La cuestión es cuando nos dejamos llevar por él.

Antonio Genovesi decía que hasta la supervivencia de una banda de ladrones necesita de la lealtad recíproca. Con lo que hacer una categorización moral es poco aconsejable. No necesariamente la lealtad tiene que ser una virtud o un bien moral.

La lealtad debe ser una especie de fidelidad entre las acciones que uno realiza y los principios en los que fundamenta esas acciones. Una cuestión de coherencia vital.

A veces cuando se habla de lealtad, algunas personas confunden y tratan el tema como un cierto vasallaje. Aquel que es leal es el que puede llegar a ser servicial y baja la cabeza.

La lealtad entre iguales existe, lo que no existe es el altruismo. Siempre que somos leales, igual que cuando queremos o hacemos algo por alguien, lo hacemos por algo incluso sin ser conscientes. Siempre se espera algo a cambio. Desde el afecto de la otra persona o cualquier otro tipo de recompensa. Intereses creados que pueden ser materiales, intereses muy sutiles, hasta agradecimiento sin más.

¿Si no hay intereses creados a qué somos leales? ¿A nosotros mismos? ¿Los intereses son principios? Posiblemente estoy pensando en términos de moneda de cambio y no es la vía correcta.

La amistad debe ser duradera e imperecedera pase lo que pase y desinteresada por encima de todo, aunque siempre habrá circunstancias que aboquen a la caducidad de ella. El eterno conflicto en el que estamos imbuidos. Hay tantos códigos morales como personas. Con nuestras acciones siempre estamos especulando sobre qué es lo correcto, olvidando en gran medida la misma acción y la perfección en ella. Como decía Josep Pla: A veces hacemos lo que queremos, otras hacemos lo que debemos y otras veces lo que podemos.

Será que a medida que van pasando los años, perdemos el significado de la lealtad. Cuando fuimos jóvenes teníamos un sentido profundo e inalterable de ella y la vida se ocupó de enseñarnos el camino donde nuestro ángel quedó anclado.

No existe el compromiso para toda la vida, son votos renovados diariamente. Las amistades son circunstanciales, según nuestra evolución así obraremos. Las prioridades cambian y por ley de vida caminamos junto a las responsabilidades que vamos adquiriendo.

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28/11/2011 08:08 elprincipio #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Fingir la vida

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Levantamos el telón día tras día, todos somos actores y como decía Boal: El ciudadano no es aquel que vive en sociedad, sino el que la transforma.

En algún aspecto teatralizamos la vida fingiendo para poder sobrevivir a las distintas etapas por las que nos toca caminar.

Interpretamos un papel para ocultar nuestras inseguridades en el trabajo, entre amigos o con la familia. Tenemos miedo a quitarnos la máscara y mostrar como somos. Hasta que acabamos perdiendo los papeles, nos toca improvisar y es cuando casi siempre trasluce la verdad de cada uno.

También está el poder de adaptarse. En estos casos ¿Hasta donde se impone el papel adoptado en la vida, si los demás creen que somos lo que tanto empeño hemos puesto en crear?

Teniendo en cuenta que somos seres teatrales, fingidores que olvidamos hasta qué punto es cierto lo que ponemos en la escena diaria. ¿Es más real el personaje o la persona? ¿Fingir es la verdadera naturaleza o condición?

En ocasiones tenemos que crear un personaje para tranquilizar a nuestro entorno. Si nos mostráramos liberales, abiertos, directos y tan duros como quizá somos, estaríamos mucho más solos o nuestros allegados no podrían soportar tanta verdad. En este mundo de imagen acabamos atados de pies y manos por el reflejo que ofrecemos.

Si el teatro es un enmascaramiento público, nadie debería ponerse una máscara frente a su propio espejo. Disfrazarse es la mejor forma de ocultar emociones y el mejor antifaz es una emoción falsa que desconcierte y actúe como camuflaje. Si alguien lo hace consigo mismo será por desconocimiento propio y es tan complejo como absurdo.

¿El gran teatro de la familia? Donde se coloca el coro y allí comienza la actuación de cada uno. La familia es el mejor engranaje que ha encontrado el sistema social para asignar papeles, reproducir roles e incluso reprimirlos. El rol que se nos asigne debe ser asumido o, afortunadamente, también podremos revelarnos.

¿Y el teatro de las amistades? ¿Hasta que punto lo que se finge es imaginarnos de manera distinta a lo que somos o la verdadera identidad? Sentirnos príncipes y nunca mendigos de la representación.

Aquel que siempre se empeñe en ser el mendigo, tarde o temprano obtendrá rechazo. Si queremos adecuarnos tanto al papel escogido, corremos el riesgo de acabar fagocitados por el mismo.

Si se quiere provocar una reacción en nuestro entorno, ¿hasta dónde somos capaces de llegar? Aparentar actitudes para conseguir el papel estelar, cuando no siempre será posible por abandono de los compañeros de reparto…

Actuamos para que nos quieran, nos acepten, para ser la perfección. Está la simulación del éxito y la del drama, las dos muy extendidas.

Los que hacen del drama el éxito de su vida para conseguir afecto, castrar y chantajear emocionalmente. Ese sufrimiento constante y exhibido hasta que un rey de la desdicha se encuentra con otro y se establece una competición para ver quien sufre más. Tomando como sentido de su existencia la exhibición constante de sus dramas y por tanto, su propia tragedia. En contrapartida, también existe la variante de la perpetua exhibición de la frivolidad que unas veces oculta puro dolor y otras simplemente la nada.

Hay tantos papeles como minutos tiene una vida.

Como decía Blanche en Un tranvía llamado deseo: No quiero realismo, quiero magia. No digo la verdad sino lo que debería ser y si es pecado, que me condenen por ello.

Mientras nuestras acciones produzcan felicidad, más cerca estaremos de ella. Entretanto, optaré por atreverme a ser quien quiero ser.

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19/09/2011 21:48 elprincipio #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Sueño de niños

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Dicen los que de las cosas de la humanidad saben, que en torno a los siete años nuestro carácter y personalidad está formada y, llegada esa edad, poco cambiamos.

Por mi propia experiencia y analizándome junto a la vida de aquellas personas con las que he ido creciendo, me sumo a dicha afirmación casi determinista. La personalidad, lo que somos como individuos, va a vehicular nuestro comportamiento y por tanto nuestro futuro. De ahí la importancia de la formación en la infancia.

Navegando entre las historias de papel siempre me he sentido enamoradiza, me viene desde esa edad de sueños. En una primera etapa mis amores fueron el mago Merlín, Bambi y Dumbo. Luego, en los tiempos en que una comienza a tener más definida la orientación y el deseo, me volqué en mis héroes musicales a los que amé tanto como a aquel chico del verano. Después llegaron Osiris y Horus, príncipes de mi turbada prepubertad.

Con los años uno deja de enamorarse de imaginarios. Se olvida del papel y el celuloide y comienza a escarbar en las pasarelas de lo cotidiano en busca de esos amores de andar por casa. Porque el amor es un tesoro que perseguimos desde infantes. ¿Qué hay en los cuentos de niños y adolescentes sino amor o falta del mismo?

Hay quien piensa que con los años, las personas se hacen inmunes a los golpes y abrazos de la vida. Nada más lejos de la realidad. La vida con cada pincelada, cada zarpazo o cada caricia vuelve a hacer de nosotros unos niños sensibles a todo cuanto nos sucede.

Lo que sí es cierto es que con los años, cada vez queden menos lágrimas, besos o sonrisas para expresar. Mientras tanto y según vaya agotándose la arena de mi reloj, seguiré soñando como una niña. Continuaré paseando por los recuerdos de hace unos días.

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28/08/2011 18:29 elprincipio #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Miserias ajenas

Nos hemos acostumbrado a vivir con la indiferencia como trato, sistema o contrato. Nos hemos acostumbrado a no ver aquello que resulta desagradable, aquello que nos debería llevar las manos a la cabeza y un golpe a la conciencia.

Nos hemos acostumbrado a ver la miseria del otro, la pobreza y la desgracia como sombra o bulto, en el mejor de los casos, y todo con la distancia suficiente para que no salpique. Cada uno tenemos nuestros propios problemas y nadie vendrá a redimirnos de ellos, incluso puede que la ayuda externa no sea nuestro objetivo.

Hace unos días, desde la tranquilidad de mi esporádico techo, una mirada se clavó en mis ojos. No me miraba a mí, no miraba nada. Un niño en el suelo, con las piernas inmóviles por una parálisis, el hambre comiéndose sus entrañas y a pocos metros su hermano en las mismas condiciones. Me obligué a mirar de frente a aquellos ojos.

Cientos de personas estaríamos enfrentando su mirada en aquel momento, pasando por delante de la desdicha y pocos le prestarían la más mínima atención. Entonces la tristeza apaga el corazón.

Nos hemos acostumbrado a ver las desgracias de nuestras calles como parte del mobiliario urbano o imágenes lejanas de televisión. Sus miserias nos son ajenas, nos estamos volviendo cada vez más torpes pues la miseria del otro es nuestra propia miseria.

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10/08/2011 09:21 elprincipio #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Hablándole al espejo

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¿Dónde estoy? ¿Cómo he llegado hasta este punto? ¿Cómo puede ser que tenga miedo de contarte lo que siento?

Me temo que los sentimientos hacia ti han cambiado, la pérdida sigue y la confusión se instauró entre las dos.

En aquella tarde se decidió la concesión de un solo deseo, uno sólo. Desearíamos saber la una de la otra lo que se está tramando a través de la misma mente. Ahora sólo queda conocer el medio.

- ¿Piensas en mí?

- Cada vez que te veo, mi corazón late lentamente y se va acelerando, al mismo tiempo.

- Eres incomprensible.

Es cierto, trato de de ocultártelo todo. Cada vez que caminamos juntas, recibo una patada en el estómago. Finjo que no siento nada hacia ti, pero es difícil convencerse a una misma. Entonces es cuando desisto.

Estoy aquí, ahora, aferrándote a mi imagen, en mi mano. No quiero que la veas, porque ya no conozco a la persona que solía ser. No la recuerdo. No recuerdo tanto pensamiento acumulado, tanta frase maltrecha, tanto colorido sin salida.

Dime qué cosas van a cambiar para que yo sepa a ciencia cierta que esta pesadilla acabará. Estoy sentada sobre la cama en la mañana oscura.

Me gustaría que estuvieras aquí, junto a mí. Me gustaría que estuvieras aquí, para dormir conmigo ignorando el mundo que nos rodea.

Me gustaría que estuvieras aquí y no éste clon de alguien a quien apenas conozco.

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19/07/2011 11:34 elprincipio #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Un ángel, mi ángel

Miré a mis pies, incapaz de recordar lo que me había llevado hacia ese banco. En ese cemento implacable, entre un grupo de personas, mochila en mano, que no perdonaba su huida hacia un sueño. Sus sueños.

Allí estaba ella, sólo para hacerme sentir como se debe mantener una mirada. Y me perdí en sus ojos azules de tanto mirar al cielo. Vi como la belleza brillaba en su piel.

Cruzamos una mirada rápida, ella la retiró segura. Me sentí avergonzado de la presencia de un ángel perfecto. El ángel que aparecía para cicatrizar cualquier herida.

Seguí mirando su belleza sólo para que ella tomara conciencia, yo era su bestia.  Ella me observaba interesada, haciéndome entender que había algo especial en mí. Yo era el elegido.

Mientras pensaba en recuerdos, comprendí que al fin había llegado a ella. Me acerqué dejando mi mano entre las suyas y sentí que cada cicatriz, cada dolor y cada pecado que habían cometido esas manos, habían desaparecido. Me sentí tan humano.

Ella era un ángel, ella era mi ángel.

Me aferré a ella trazando cada detalle de sus manos. En sus palmas suaves y con la punta de los dedos, recorrí cada infierno pasado, sintiendo todo el alivio del universo. Ella estaba en mí, y por un tiempo, yo abandonado. Perdido en la belleza tan sencilla de unas manos.

Un tacto frío salió disparado. Sentí congelado el calor de la ira y la rabia del odio de este inmenso buque. Estaba feliz, no era un engaño.

Las palabras comenzaron a salir por mi boca como la miel, ofrecían sólo sonidos con el más dulce de los significados y la mejor de las intenciones. Palabras que jamás podrían abarcar lo que significaba para mí. Las palabras que me hicieron sentir tonto y no tener miedo por su significado, sino por el impacto que podrían tener en el corazón del ángel. Ella me miró con sus hermosos ojos azules tomados al asalto. Me sentí aterrado, ella mortalmente asustada. Repetimos las palabras que reflejaban la belleza del instante. Te amo, nos habíamos susurrado.
 
Juraría que mi corazón me había fallado, ya que se había reducido al silencio. La posibilidad de que estas palabras se habían dirigido hacia mí era improbable, imposible. Una imagen como ella no se merecía la falta de respeto del demonio que yo ofrecía. En silencio, un derrame de lágrimas bañó nuestro banco.

- Esto no es para mí, no nos merecemos.

Yo sabía que tenía razón, pero la ilusión ya se había recuperado.

 - Soy para ti y es exactamente lo que quiero.
 
Tan sólo nos levantamos y nos envolvimos en abrazos. Sentí mi corazón lento y acelerado. Seguía sin creer que fueras mi ángel. Tus alas me trajeron la sonrisa, la calma del bienestar. Al fin alguien se preocupaba por mí. La brisa nos permitía pasar.

Ella es mi ángel, mi ángel perfecto. Ella tiene que ser.

En todo este tiempo he cogido tu cabeza en mi cuello y las lágrimas inundaron mi cuerpo. Lágrimas de gratitud al cielo.

Me sentí obligado a tenerte hasta que la muerte nos han separado. Hoy al despertar tus alas ya no estaban, no me sonreían tus ojos, no he disfrutado de tu mirada bañada en azul cobalto.

Gracias por la vida que me has dado. Tantos años a tu lado han sido un aleteo robado al cielo. Vuelve al lugar de donde viniste, algún ser te espera para volver a iluminar su camino. Nuestro banco hoy vuelve al despiste. Tus ojos, tus alas y el arrebato.

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27/06/2011 19:42 elprincipio #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Si fueses tú...

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Los nervios me hacen dudar si este es el lugar donde habíamos quedado, a la vez, me han vestido de gala la sonrisa, hoy tiene ganas de lucir la realidad que vivo.

Desde mi imaginación te veo entrar despistado, disimulando el retraso que te empuja.

Y aquí estás… Estamos viviendo el momento soñado. Tú en la otra vía y yo sin atreverme a mirarte.

Decidí no llevar reloj, evitando así las miradas indiscretas de los silencios incómodos. Innecesario, hemos sabido acallar el silencio.

Y aquí estás.

Respiro buscando alivio y tus ojos me lo proporcionan. El saludo es tranquilo, animado, alentador. Nos sentimos bien el uno con el otro, lo transmitimos sin más.

Dejamos nuestro banco atrás, junto a una sombra perenne de unas manos abrazadas entre sueños.

Caminamos sin rumbo, enfrentamos la mirada al sol y cae. Deja paso a la luna que besa en los labios al mar.

Y aquí estás, aquí estamos. Si los sueños se viven, la realidad es posible cambiarla.

Son las doce y el hechizo se rompió. Mi confianza es tu triunfo, tu felicidad es mi cobijo.

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25/06/2011 21:49 elprincipio #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Movimiento contra quietud

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Danza despertando de las sombras crecientes de tu interior y mira directamente hacia la oscuridad superada por tu luz.

Camina por el pasado de habitaciones con personas de nombres restaurados, con ausencia de sueños gloriosos.

Aquí estoy de nuevo.

Sigue sin pensar en el momento en el que tu felicidad se volvió sangrienta. No permitas que se vuelva un incesante zumbido de gritos. Tu propio foco de temor se magnificará y distorsionará aquello que veas.

Arriesga tu pensamiento.

Tal vez soy un fantasma en mi segunda etapa o, simplemente, no soy yo mismo. Aún no estoy.

Sabes que hay muchos matices que indultas o disfrutas en los otros, tantos como en ti mismo. Si te perdonas a ti mismo tus actitudes repulsivas, también necesitas perdonar a los demás. No hay culpas. Sentirte mal no quiere decir que sean malos. Levántate tantas veces como te derriben. No hay final malo, sino una prórroga constante.

El suelo es resbaladizo, continúa danzando sin dudarlo. Tu capacidad de observación sólo ha sido anestesiada por un terror invisible e indiferente.

Tú puedes arreglar el nombre de lo que queda… de lo que venga. Siente el alivio desde la contemplación del escape.

Danza en blanco y negro, danza en un murmullo, no te detengas. Esa mirada de recuerdo tiene su oportunidad en algún lugar que sólo tú encontrarás.

Movimiento contra quietud, siempre quedará un resquicio… Danza.

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21/05/2011 13:11 elprincipio #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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