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El Principio

De maldiciones varias...

De maldiciones varias...

Un libro por definición jamás debería de estar maldito, porque detrás de un libro siempre hay inquietudes, curiosidad, ganas de compartir y sobre todo mucho esfuerzo.

Si un libro está maldito es porque aquellos que así lo consideran, ven una clara amenaza en su contenido, y eso se traduce en el miedo que desde siempre ha caracterizado al ser humano a la hora de admitir una opinión contraria, a la hora de no ver una agresión en aquello que por distintos motivos es precisamente distinto a nosotros, a lo que pensamos y a lo que representamos.

Siempre he pensado que la religión, y me da igual cuál sea, se sustenta sobre un manto de miedo. Miedo a que si no me sigues a mí, irás al infierno. Miedo a que si no aceptas mi credo, no alcanzarás el paraíso, no serás inmortal. Porque las religiones son miedosas, porque son humanas y no divinas. Y el miedo de aquél que controla, de aquél que tiene el poder, sea en el ámbito que sea, es precisamente a perder ese status de poder y  de control. Por eso, si piensas lo contrario, serás un infiel, serás un paria, estarás maldito. Como los miles de libros, ediciones únicas que, por ejemplo, decoran los más de 800 kilómetros de estanterías que tiene el archivo vaticano.

Al fin y al cabo la información es poder, y si no puedo con mi enemigo, porque mi enemigo son ideas intangibles que recorren las páginas de los libros, me uno a él. O en todo caso, me apropio de él para que nadie caiga en la tentación de pensar.

Cuán difícil es

Cuán difícil es

Debió ser la segunda copa de vino, por eso de buscar siempre un culpable, pero cayó en la cuenta de que llevaba unos cuantos meses repasando hojas, corrigiendo erratas y subrayando párrafos del libro de su vida. Un viejo cuento del Sur explica sobre eso de escribirse a uno mismo y de que otros escriban de ti. Al final resulta una composición mucho más rica. Como los besos, como las caricias y las confidencias. Una tercera copa le apetecía y no se planteó si era lo correcto o no. Ese simple gesto revelaba muchas cosas, la más importante era hacerle consciente de que su pasado y su presente venían marcados por lo que se esperaba de ella. Y, tal vez, entre tanta obligación y remilgo se había perdido.

El aroma del vino y la música elegante eran el hilo, la guía, el primer paso… porque cada tanto volvemos siempre al primer paso. Sintió el terciopelo final del brebaje en lo más íntimo de su boca y se tensó toda entera. Luego, muy suave, la relajó. Sonrió sin motivo aparente. No solían darse motivos para sus espontáneas sonrisas. Cerró los ojos profundamente y se perdió en el vacío...

¿Qué cuántas veces se había enamorado?... Tres. Sin saber si eran muchas o pocas. La primera libertad que se tomaba entre lo que debía ser y lo que es. Tres. Enamoramiento de ese de trancas, de tripa y de piel. Y eso le ha servido para aprender sobre el destiempo, las deshoras y las irresponsabilidades.

Destiempo en la inocencia de una juventud recién estrenada que aún no sabe cómo gestionar un sentimiento que invade y, a veces, casi ahoga. Muy niña aún, con ese ansia de ser mayor y el arrebato de las cosas nuevas. Enamoramiento sin freno, a velocidad máxima y colisión de corazones de tanto amar. Y se aprende. Los pasos dados no se borran pero permanecen ahí para no olvidar el maravilloso tesoro del primer amor.

Deshoras en un vaivén de sensaciones que suben y bajan y diseñan rotondas de doble dirección en el estómago. Autopista de ida, sin vuelta. Deshoras en juegos seductores y llenos de morbo, de encanto y de quesos cremosos, cava y mucha risa. Y deshora de realidades. Cuando el tráfico se hace en exceso intenso y hay que regresar. Dejar de lado las malditas tripas y poner cabeza. Que las excusas obviando el café y la agenda repleta son más qué un libro abierto. Que quien quiere estar en tu vida, está.

Irresponsabilidad de llegar cargada de miedos y angustias, de lo que "debe" a lo que "es", de terror a daños colaterales, de predicado sin acciones, de parrafadas escritas sin aplicarlas cuando y a quien sí toca. No por obligación sino por innegable sentimiento. Que llego agotada de amar locamente a destiempo y deshoras. Que me dicen, los que saben, que las tripas son sabias consejeras pero hay que aderezarlas con la sal mental (y mejor de la gorda que la del Himalaya) para esto de los quereres.

Pero surge, al final de la tercera copa. La piel erizada recuerda el tacto y la caricia y hay que iniciar la marcha. El primer paso. Sin irresponsables excusas. Que si quieres estar en su vida, estás.
Cuán difícil es...

Qui... i ara què

Qui... i ara què

Em preguntava “qui sóc?”

Sóc la que calla parlant, la que escolta, la que parla callant i la que crida en silenci.

Sóc la que somia desperta i adormida, la que viu somnis desperta i la que somnia realitats.

Sóc la que riu plorant i la que plora rient, sóc l’efímer temporal i l’etern record, l’ésser que n’era, vol ser i en sóc.

Sóc la que desitja complint i la que compleix desitjant, la que fa l’amor lentament i la que estripa la roba si cal.

Sóc la que mira endavant mil fulls en blanc per escriure, sóc tinta i paper, quadre i pinzell

Sóc la que espera pacient i la que, sense dubtar-ho, corre a trobar-lo

I ara em pregunto “què sóc?”

Vergüenza y asco

 

Vergüenza y asco sería el mejor resumen.
Vergüenza y asco por cómo nos tratan en este país. A nosotros, los pobres pringados que intentamos llevar el día a día como mejor podemos y, en las circunstancias actuales, confinados en casa por un virus que está machacando por ahí a quien menos se lo espere, nos enteramos que el rey de este país decide renunciar a la herencia del campechano y que le quita la asignación anual, poca cosa, 200.000€ pavetes de nada que salen del erario público.
Vergüenza y asco por el campechano y cómo ha hecho fortuna durante sus años de simpatía y cercanía con el pueblo. Como hemos tenído que oír lo mucho y bien que ha hecho por este país, cuando realmente estaría haciendo sus business con su cara de buena persona. "Yo trabajo para vosotros a cambio de una pequeña comisión"
Vergüenza y asco porque se saldrá de rositas, por no poder meterle mano desde ninguna institución, porque sigue habiendo censura con según quienes. Porque legalmente estáis protegidos y porque seguramente los que pueden hacer algo, si quieren seguir en sus poltronas, tendrán que dejar que sigáis haciendo lo mismo que críticáis de otros.
Vergüenza y asco porque a lo largo de los años ya os habéis preocupado de ponernos al pueblo en nuestro sitio, ahí abajo. "Dejadles que protesten un poquito, no demasiado que os da indigestión, no muy cerca que las confianzas no son demasiado buenas y dándonos la cobertura mediática adecuada para mantenernos divididos y así salir indemnes del asunto. No vaya a venir otro descerebrado anarquista de Canyamars y la tenemos liada, que no hace tanto en la historia sacaron la guillotina en Francia.
Vergüenza y asco porque ni se habla , ni se hablará quedando diluído en el futuro, mientras seres muy próximos mueren por un maldito virus.

Tanta peonza suelta

Tanta peonza suelta

Rincón discreto, distraída entre las notas de mi recién estrenado "relaxing music for work", esperando. Y no he podido dejar de atender a la conversación entre dos personas. Demasiado cerca ellas y demasiado agudas sus palabras. En tono de "que se entere todo el mundo". Mis anfitriones de palabras ajenas se regocijan con un relato devastador del espíritu humano, habiendo perdido toda fe en los hombres, en la sociedad, en el momento... sin esperanza ni oportunidad... Sin futuro y casi sin presente. 

- Y es que hay gente mala.- insiste, de nuevo, uno de ellos. 
- Más mala que antes. Se ha perdido el Norte. Antes era otra cosa.
- Sí, y todo se reduce a un caos tremendo del que no podremos salir. Un dolor inmenso.

De repente, la pinza mental que se dispara y me dibuja la imagen veloz del giro de una peonza. ¿Alguna vez habéis hecho girar una peonza?. El impulso inicial la hace girar con fuerza derrumbando los obstáculos mientras se abre paso. Y, curiosamente, luego, ese mismo impulso potente la debilita. La peonza se tambalea y cuando rebota contra algo, se balancea borracha dando tumbos. Finalmente hace una espiral de salto mortal completo, se estrella y para. En seco. Después de su baile de pavoneo.

La peonza de la vida. De esta vida con excesiva prisa y caóticos atropellos, propios y ajenos. Esta vida que observa como las cosas, con el tiempo, van lentamente del orden al caos... ¿y del caos al orden?.

Vamos, que mirando alrededor he visto a cada persona de la sala como una peonza, girando fuera de control. Rebotando unos en otros.

Pero volvamos a ese "antes" de mis vecinos parlanchines. La palabra se me atraviesa y clava. ¿Antes?. ¿No existía el dolor y el pecado y los malos malísimos, antes?. Si nos permitimos viajar al "mucho antes" nos encontramos en el Edén y en eso de que el pecado causó el primer tambaleo de la peonza de la vida. Desde entonces el mundo ha venido gritando en busca de auxilio. Cada cual como ha entendido y algunos, los más, como hemos podido. Desde antes hasta ahora (y lo que vendrá) todo se marca por el ritmo frenético de la peonza danzarina.

Pero pienso. Sigo esperando y pienso. ¿Hay que desesperarse tanto?. Tal vez debamos tomarnos la vida como algo menos serio. El mundo no es mejor ni peor que antes. Simplemente gira como era de esperar. Y llega un punto en que cesa, se tambalea y cae. Es necesario que la peonza caiga y se venza. Para volver a danzar, para iniciar de nuevo su devaneo entre obstáculos que salvar o que demoler. Y no pasa nada. ¿Quién puede creer que antes todo estaba perfecto?. ¿Del orden de antes al caos del ya?. 
Pero si el caos nos hace grandes, nos acelera, nos para y nos recoloca. Como a la peonza. Como esas sábanas que después de piruetas nocturnas de desenfreno y malos malísimos se recogen, se lavan y se planchan para semejar otra vez perfectas. Hasta la próxima noche caótica.

Y no pasa nada. Ni antes, ni ahora... que la peonza incansable gira. Como era de esperar.

50

50

Mi vida es como un museo privado. En lugar de vitrinas con tesoros arqueológicos, guardo mis preciosos recuerdos.

Los siglos los cambio por años acumulados en los que he vivido alguna que otra historieta, que hoy se resumen a recuerdos. Esos mismos que han ido forjando mi carácter para mejor incluso para peor. Hasta llegar a este medio siglo que hoy se cumple.

¿Cómo hacer un resumen de todas mis vitrinas? Niñez, adolescencia, juventud y madurez.

Agradezco a todas las personas que han pasado por mi vida por enseñarme lo complicado que es asumir los fracasos. Y por todos los  buenos momentos pasados.

Y a las personas que aún continúan,  mi enorme gratitud por ser como son y permitirme seguir siendo yo misma.

Redes sociales

Redes sociales

Las redes sociales son como esos pequeños pueblos que todos hemos visitado en alguna ocasión.

Están los que pasean desde bien temprano por la carretera y los caminos hacia los huertos. Mirando el interior, disfrutando de esa nueva casa que se ha hecho el vecino, criticando la vida que lleva, el que ignora todo lo que tiene alrededor sean vecinos o amaneceres, incluso el que sale a hacer deporte o pasear al perro.

Los que van a echar la partida al bar, los que cigarrillo en boca, arreglan todos los problemas de la cosecha de su vecino, de la vida conyugal del de la calle Mayor, del cura y sus creencias, el alcalde y su política municipal…

Los del bar pueden ser equiparados a las abuelitas que desde aquella esquina estratégica, no dejan sin crítica a su amiga del alma (constructiva, por supuesto), las que con cada puntada que bordan van tejiendo una amistad duradera, las que vendrán un par de veces y no les interesarán los temas de los que se hablan…

Los chavales jóvenes que se van al parque para hacer su botellón, esos a los que no les interesa lo más mínimo todo aquello que huela a mañana. Hoy el día se despertó para disfrutarlo y es lo que harán…

Los vecinos que por la cantidad de horas que trabajan, pueden hacer poca vida social y podrán ser tanto criticados como ignorados, dependerá del grupo en el que caigan. Estará el que se encabrone, el que quiera entender el motivo de las críticas, el que ignore lo que ocurre a su alrededor…

Los archienemigos (…) que por aquel comentario desafortunado que hicieron sus hijos y nadie tuvo el valor -o las ganas- de arreglar, siguen sin hablarse y ya han pasado 10 años.

Incluso estoy yo que pasé por aquí y dejé mi opinión que nadie me pidió. Estos y tropocientos ejemplos más existen y existirán.

Lo que ninguno de nuestros vecinos tolerará son las faltas de respeto en casa propia. Nos podremos llevar mejor o peor, pensaremos los unos de los otros que somos demonios con patas o la mejor de las personas, pero… ni tú vas a venir a mi casa a faltarme al respeto, ni vas a consentir que yo lo haga en la tuya.

De ahí a cerrar los perfiles y moderar los comentarios, tardamos medio segundo. Después desde tu casa me contestarás lo que creas oportuno y seguiremos con esta “guerra” si tenemos tiempo y ganas de continuarla. Aunque, insisto, en mi casa quien modera el debate soy yo y si no te gusta, sigue camino hacia el bar, el paseo, las labores, el botellón o hacia tu propia vida que podría estar echándote de menos.

La noche parpadeó.

La noche parpadeó.

Hay imágenes que para algunos no dicen nada y para otros son un libro de par en par. 
Imágenes con historia y protagonistas aunque no se vean.
Desde el disparo hasta el final, los pensamientos siguen danzando.
El color es perfecto aunque no sea ése del que tanto se habla. Y aunque la oscuridad es lo que más resalta, no quería verla... Estaba batallando con la más aplastante lógica.
Mi cámara interpretó la realidad mucho antes que yo quisiera asumirla. 
Es la magia de la fotografía.

Un nuevo intento...fallido.

Un nuevo intento...fallido.

Me gustaría dejar de sentir este rechazo y, a la vez, dejar el suficiente espacio para que no te sintieras invadido.

Mi forma de compartir es dejando atrás mi yo para establecer un nosotros.

Me gustaría dejar de sentir esta tristeza porque no llego a saber si es que ya olvidé lo que es compartir o es un simple encaje de piezas imposibles.

Me gustaría recibir un gracias, un por favor o una disculpa de corazón y no a petición. Me gustaría saber si es una idea inútil creer que es importante.

Me gustaría tener y proporcionar una vida fácil.
Me gustaría dejar de sentir una culpabilidad que no creo siempre mía. Me equivoco y creo saber rectificar, aunque no siempre las equivocaciones vienen de mi parte.

Me gustaría ser justa para saber equilibrar hasta aquello que debe estar fuera de todo equilibrio.

Me gustaría perder la sensación de estar siempre dando el brazo a torcer, porque eso implica una lucha y la sensación de egoísmo no la tengo.

Me gustaría conocer todo sobre ti para no tener que preguntarte y no sentir el latigazo de tus contestaciones, sino entenderlas.

Me gustaría tener esa seguridad en mi misma que tanto aparento, para apartar de mi estos pensamientos.

Me gustaría que no creas que tengo dependencia de ti, aunque si me declaro dependiente de la felicidad que he sentido y siento cuando estás.

Me gustaría saber expresar la revolución que hay en mi con todos estos sentimientos, que hayas llegado a mi vida, con todos los vaivenes que hemos tenido, supone tanto como palabras y acciones me faltan.

Me gustaría encajar las decepciones de un modo más tranquilo y que tú me enseñes tu forma de hacerlo. Podría aprender otras maneras para mí desconocidas.

Me gustaría no tener jirones en el corazón para poder entregarlo entero. 

Me gustaría poder decirte todas estas cosas sin que te sintieras atacado.

Y me gustaría dejar de llorar cuando escribo todo esto.

 

Noviembre 2018 (ya se veía venir que nada acabaría bien)

Otro año

Otro año

Un año lleno de ilusiones, sueños, alegrías, agobios y llantos, pero un año magnífico.

Un año en el que la fotografía me sigue dando alegrías, dando vida y me sorprende cada día más.

Pienso en seguir aprendiendo, intentando mejorar, aunque siendo yo y conservando mi esencia.

Porque demostrar que si se quiere, se puede, y si se puede es porque se quiere.

Seguir mostrando lo que hago al mundo y enseñando lo aprendido. 

¡A por otro año!

Vull aprendre

Vull aprendre

Vull aprendre a estimar quan oblides, estimar-te quan arribes d’un llarg viatge, estimar per estimar després, estimar per no oblidar que t’estimo, estimar després i tornar a caminar. Estimar a les nits tèbies però encara més en les fredes i fosques, estimar perquè m’abraces i estimar perquè no m’allunyis de tu, estimar per no comptar el temps que ens queda ni el temps que s’ha anat, estimar que podria ser per sempre, estimar una mica, prou perquè no m’ofegui, estimar-te si em busques, estimar quan em perds de vista, estimar per alimentar el meu cor, estimar per tornar a somiar i encara estimar quan desperti. Estimar sencer, estimar si crides, si m’oblides nomenar, estimar quan plenes els teus llavis de silenci, quan el gel gebre la teva fràgil cabellera i tornar a estimar quan no quedin paraules per fer-ho. Estimar per inventar que t’estimo. Estimar de perfil però estimar-te de front, estimar quan estàs en ombra i seguir fent-ho quan pots tocar-me Estimant-me, perquè no, jo també estimar-me, estimar perquè em vulguis però per sobretot estimar per no deixar d’estimar. Estimar-te i caminar per una vida que no és teva, que no és meva, que podria ser teva, que podria ser meva.

I estimar, estimat, en els minuts cap enrere del rellotge i en els minuts que no han arribat encara. Sí, estimar encara aleshores, encara ara, tot després si més no estimar-te per creure que t’estimaré, que et vaig voler, que t’estimo. Tornar una mica la memòria cap a l’esquena i estimar amb els dits, amb la punta dels cabells, amb els anhels, els malsons, la llengua, les dents, els genolls, les cuixes, els gemecs, els plors, les rialles, amb les cançons, amb les fulles, amb els pensaments, amb els sentiments, amb el cor, amb el temps o sense - millor sense ell - I dir que t’estimo i escriure que ho faig. Així vull aprendre a estimar. Per estimar-te i sentir-ho, i que sigui real i que sigui ficció, que sigui una versió i que les sigui totes - o cap-

Estimar perquè vull estimar-te.

Mi barrio

Mi barrio

Mi barrio era de ladrillos rojos.

Para mí ese era el rasgo principal de su personalidad arquitectónica y urbanística: el ladrillo rojo contrastando con el verde de los jardines y el arbolado.

Por cuestiones laborales unas veces de mi padre y otras mías, he pasado una parte de la vida echando mucho de menos mi barrio de ladrillos rojos; algunas veces de forma dolorosa, según como fuese de desgraciado en determinados momentos en esos otros destinos, y siempre lo recordaba con nostalgia con sus ladrillos rojos iluminados por el sol de la primavera (imposible no idealizar el sitio donde eres tienes raíces y están los tuyos).

Las casas de mi barrio ahora empiezan a revestir sus fachadas de cubiertas de colores que le dan un aspecto anodino de decorado de cartón piedra, sin vida y sin personalidad.

Todo ello en aras de una mayor eficiencia energética que redunda, de forma instantánea, en mejoras en las economías de los inquilinos y beneficios ecológicos para todos que, en los tiempos que corren, no es moco de pavo.

Entiendo que siempre hay que renunciar a algo para conseguir otro algo. Pero no puedo evitar que me dé mucha pena echar de menos mi barrio de ladrillos rojos estando en mi barrio...

La cita de los mil besos

La cita de los mil besos
curiosos, despistados, ingenuos.

Caricias furtivas, miradas inesperadas.

Paseos caóticos donde los dedos
no soportan separarse más de
diez latidos de corazón.
Se buscan, se encuentran, se unen.

Los dedos se besan 
mientras nuestros pies chocan entre sí
al no conseguir comprender el idioma 
extraño que está hablando nuestro corazón.

No existen las calles cuando te beso
no existe la lluvia cuando me abrazas
no existe el mundo cuando respiramos, 
cuando sentimos como uno solo.

La cita de los mil besos, de los mil suspiros
de tus ojos dentro de mi y tus manos rodeándome.
La cita imposible que tu saliva hizo real.

 

Regalos con caducidad de una semana.

Felicidad durante 2017

Felicidad durante 2017

Durante el trayecto de vuelta de una noche de fotografía. Tarde, muy tarde, ya de madrugada. Dos personas en los asientos delanteros del coche y yo en el trasero. Uno de ellos comienza a narrar una situación pasada. Entre el cansancio, el frío y el sueño le puse muy poca atención a lo que contaba.

Lo que me hizo experimentar esa maravillosa sensación fueron sus carcajadas. No escuchaba nada más, todos los detalles que iba dando los tapaban sus enormes carcajadas. Ahí pensé en el inmenso bien que le estaba haciendo reírse de aquella forma teniendo en cuenta todo lo mal que lo estaba pasando en esos aquellos días. Y fui consciente.

Una noche de sofocante calor extremeño. Buscando localizaciones para robarle alguna foto a la zona. Javier era el acompañante, entre parada y parada algún trayecto corto en el coche. Música de Dire Straits de fondo que nunca me han gustado especialmente, con la ventanilla bajada, los ojos cerrados y jugando con el aire entre mis dedos. También fui consciente.

Una sensación de felicidad propia por alguien a quien quise y no se dejó amar y la otra por alguien tan cercano como lejano.

Dos situaciones de felicidad en este año en los que me he sentido plena por sentirlo en ese momento y saber distinguirlo.

Tú, yo, nosotros

Tú, yo, nosotros

Finalmente nos hemos encontrado, de la forma menos inesperada y más normal, dadas las circunstancias. Eso que tanto leemos y tan poco creemos. ¡Pam! Ahí lo tienes.

Con nuestras mil puñetas, ahí vamos, con ganas lo intentamos. Chocamos en algunas cosas, aunque desgantante está dentro de unos límites.

 Intento poner los pensamientos en orden.

Creo que en plena mitad de la vida como estamos, deberíamos ser más tolerantes o tener más tragaderas, según lo bonito que queramos vestirlo.

Que tenemos todos alguna cicatriz es indudable y que es un error dejarla abrirse de nuevo, también. Pero a ver quién es el valiente que se juega la relación sin diplomacia alguna y sienta al otro para escuchar todo aquello que no nos gusta, sabiendo que va a doler. ¿Quién?

Buscar el momento, recoger todas las manos izquierdas que nos encontremos por el camino y seguir regando esos días en los que todo era verde. Beber de ellos, alimentar el alma de lo que nos aportamos y ¡¡vivir!!

Gestionando el caos

Gestionando el caos

Hoy es uno de esos días en los que le doy una vuelta a todo. Cada frase que asoma es revisada.

Buscarle un sentido a las reacciones, los sentimientos que se despiertan, las acciones pensadas y a la impulsividad de algún hecho concreto.

Todas aquellas vivencias que han hecho daño, deciden colocarse entre los pliegues de la piel que los años van tapando.

Lo poco o mucho que he llegado a conseguir, lo difícil que resulta buscarse un hueco en el espacio que se consigue.

Los sueños que se van cumpliendo son una sonrisa guardada en el alma. Vivencias y sonrisas conviven apaciblemente, con ganas, en un estallido de primavera expectante.

Compensando los momentos entre distracciones voluntarias y disparates controlados.

Mis últimas alegrías rondan entorno a la fotografía, mis últimos logros impuestos que el tiempo va produciendo.

Magia

Magia

Déjame oler tus colores acariciando el ruido de tu piel tendida en el suelo. 

Déjame sentir la paz que tú quieres que llegue cuando con murmullos suaves me llames para que entre. 

Déjame quedarme, aquí, contigo y fundirme con tu abrazo intenso, acurrucando mis duelos y con tu magia, mi duende, llenar todos mis negros con colores nuevos... 

Amaneces bonito

Amaneces bonito

Flotar, sobrevolar, brillo, audacia y clamor, ese es tu sino en mí. Siento decirte que nadie más te recordará.

El anhelo de unos ojos, una rosa arrastrada, un nacimiento fuera del mar, el sueño del tiempo de una vid.

La misma que tiene tantas flores como años. Sus pétalos de rojo alegría, de amarillo ausencia, blanqueada de lágrimas, rosada de sonrisas.

Saludando al viento de esperanzas y miedos, de perfume visible, el que me envuelve en una nube de penumbra delicada.

De floración recién abierta inspirada siempre en rojo. Dibujando un baile entre el cielo y el mar, por las almas de las rosas.

Y llegamos a aquella altura, lejos del crepúsculo, sintiéndonos amantes tardíos de la guerra y con los vientos suaves que encauzan el camino a la estrella de la tarde.

Es tu amanecer, el de la fecha indicada, en el que quiero verte, en el que te imagino y el viento vuelve a desdibujarte.

Escapar y renacer

Escapar y renacer

A veces estoy cansada y quiero escapar, llegar a tener esa sensación de que me estoy ahogando hasta sentirme perdida. Es cuando el esfuerzo ha sido tan útil como necesario el escape.

En el interior de un violín

En el interior de un violín

La música nos conecta con el amor, con la alegría pero también con la tristeza y la nostalgia.

La música nos recuerda que luchar por alguien siempre valió la pena. También es capaz de llenar el enorme vacío que dejan algunas personas. La música es la sutil medicina que el alma necesita. Nos ayuda a ver la vida de diferente manera, a darnos cuenta de lo que a simple vista no percibimos y de lo que podemos perder.

La  música te transporta a ese mundo mágico donde eres libre para hacer y sentir, porque nace del corazón y alimenta el espíritu. Es lo que ayuda para seguir soñando, la música llena de esperanza y hace creer que todo es posible. Nos recuerda que la vida dura tan solo un momento y que no podemos dejarla pasar sin haberla vivido.

La música inunda nuestros sentidos y es tan poderosa que de una sola nota puede nacer un gran amor, al igual que nos conecta con el dolor y es capaz de hacerlo más profundo.

La música no tiene fronteras es libre como el viento, es lo más cercano a las lágrimas y a los recuerdos, es lo que escuchamos para apartarnos del mundo, porque cuando las palabras se desvanecen la música habla y sin ella la vida no sería igual.