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El Principio

El tacto de un libro

El tacto de un libro

Lo que voy escuchando según escribo es un LP con el sonido de los surcos, algún que otro rayajo y todo el encanto que comporta. También me acompaña otro sonido, el que ha hecho el disco al salir de su funda.

Porque sacar un disco nuevo de la funda tenía una parte de ritual, de placer y me encontraba con el disco desnudo de un negro zafiro reluciente. Como en un juego de seducción, colocaba la aguja en los surcos expectante frente a la música.

Aunque fui realmente reticente a ellos di el paso hacia el CD. Igual que mudé en otro orden de cosas el Beta por el Vhs y éste, a su vez, por el Dvd.

Y es que esto de la técnica avanza tan deprisa que antes o después le llega el turno a todo.

Los primeros teléfonos móviles fueron a manos de ejecutivos, aquellos Morotolas del tamaño de un ladrillo arrinconaron a los buscas que apenas tuvieron tiempo para desarrollarse y, desde luego el contestador automático dio vida al buzón de voz.

 Esa vieja máquina de escribir que habita toda casa con nostalgia, es un recuerdo en cinta negra y roja oxidada por los ordenadores hace ya unos lustros.

Ahora le ha tocado a los libros rendirse a la maldición de la electrónica.

De ellos guardo demasiados recuerdos y no pocos rituales. Quizá los más añejos se pierden en los tiempos del colegio, cuando cada Septiembre forraba los libros con la promesa de cuidarlos y ponía mi nombre en la primera página a bolígrafo y en el plástico con Dymo. Fuesen heredados de mi hermano o comprados en la calle de los Libreros, había que cuidarlos.

Me gustan los libros. Olerlos, guardar entre sus hojas un recuerdo, el tacto del papel, las ilustraciones, las portadas. Sin embargo las cosas cambian y la llegada del libro electrónico es una realidad. No hay que engañarse.

Por ahora sigo evitando el momento del cambio y continúo leyendo, porque lo que me gusta es emocionarme, llorar, amar o ilusionarme con ellos.

Viajes

Viajes

El tema de viajar ha cambiado mucho en las últimas décadas. Aquello de plantarte en un destino cualquiera por 60€, con no sé qué línea de bajo coste era impensable años atrás, cuando los aeropuertos eran ciudades de yuppies de ida y vuelta y gentes de poderío.

Para los demás que apenas si salíamos de la piel de toro, nos quedaba el 600 recién cargado o aquellas largas noches en compartimentos de ocho, cuando la Renfe también era otra.

Hay viajes reales o literarios que nos dejan una muesca en la memoria. Todos guardamos los nuestros, todos nos llevan a lugares que acabamos convirtiendo en míticos.

En mi haber guardo un par de viajes al mismo desierto y un país tan duro como arcaico. El calor prensado en cada gota de sudor, la sonrisa del vendedor ciego de Saqqara, las manos de aquel centinela de mezquita sobre las mías mientras predecía un hijo venidero.

En lo literario la luna y el Tíbet de Tintín, los viajes de Gulliver, las tierras pardas de Don Quijote, el infierno de Dante, lo más alto de los ángeles de Rilke o las calles y plazas de Mercè o Modiano.

En la actualidad de los viajes me gustan los trenes, me lleven hacia donde me lleven. Porque en ellos uno puede soñar con otros trenes, incluso con aquellos que no volverán nunca y vivir de nuevo en aquel desierto junto a un piano a punto de parir una nueva sinfonía vital.

Otro asunto son los viajes del corazón, mejor otro día. Por ahora emprendo un viaje nuevo, corto en distancia, medio en esperanzas y largo en pasos.

Batallas

Batallas

Cuando eran pequeños y su madre se enfadaba con él y sus hermanos porque dejaban el cuarto más allá de una leonera, decía que vivían como evacuados. Él no sabía muy bien de que iba aquello de vivir como evacuados y no le sonaba nada bien.

Con los años supo que en casa de su madre, vaya… de sus abuelos, durante la guerra civil española se habían refugiado familias enteras llegadas desde zonas suburbiales al centro de la capital huyendo de la pobreza, del hambre y los bombardeos.

En la mirada de su madre, niña de fin de guerra y de posguerra, aquellos pobres desvalidos eran la imagen del desconcierto. Y es que caos, desamparo, derrota, sufrimiento y muerte es lo que llevan aparejados los enfrentamientos bélicos.

La historia de la humanidad es la historia de las guerras. Estudiar historia es estudiar las batallas, estudiar la arquitectura de las ciudades es ordenarlas por derrotas y reconstrucciones. Y la historia de la literatura comienza con la batalla de las batallas en La Ilíada.

Muchas generaciones han crecido jugando con arcos, pistolas y tirachinas. Madelman y Geypermanes bien armados. Jalearon al Capitán Custer, Errol Flynn en su cruzada contra los indios. Silbaron al son de la reconstrucción del puente sobre el río Kwai. Alentaron a los romanos en su lucha contra el bárbaro e incluso llevaron la guerra a las galaxias. 

El caso es pelearse.

En la actualidad dicen que hay cerca de 30 conflictos armados en el mundo. Mal asunto éste de los humanos de andar todo el día, siglo a siglo, guerreando.

El relato de unas manos

El relato de unas manos

Dicen que las manos definen quienes y cómo somos. Son el mapa de nuestra existencia. Son la expresión del todo y, en ocasiones, más que el rostro.

Cuando éramos niños, la mano de nuestros padres era el ancla tangible, la fe que nos conducía, la salvación segura frente al miedo. Con el tiempo, ya siendo padres, la mano de los hijos es el calor final.

La mano es el objetivo sensual para el primerizo, cuando el amor comienza a alzar el vuelo.

La mano es la que sella una amistad o un trato después de estrecharla. Es portadora de la alianza, el don que representa el todo.

Son el golpe o la caricia, la amistad o el gesto obsceno, la seña que salva o que condena. En ellas encontramos las huellas que nos dicen quienes somos, incluso para algunos, en sus líneas se halla escrita nuestra vida, la edad que viviremos, lo que sufriremos o disfrutaremos.

El uso de las manos le otorga al hombre el poder que tiene ahora, sólo es necesario unirlo al desarrollo del cerebro.

Las manos nos cuentan la edad de una persona mucho más que la cara. La estampa del trabajo realizado, los años limados en caricias.

Son sensuales, terribles o bellas. Sudan de nervios y tiemblan por sensaciones. El grosor de sus venas, la forma de sus uñas, la dureza de su piel, la suavidad de sus yemas son el semblante de cada uno de nosotros.

Las manos tienen el poder erótico en sus dedos y en la forma de rozar el cuerpo amado. Son portadoras del odio más atroz con el puño cerrado. Con un leve gesto se cae en la más profunda de las indiferencias.

Los gestos de las manos dicen que nos delatan, ciertamente. ¿Por qué será que siempre nos enamoramos de unas manos?

Cada mañana

Cada mañana

Cada mañana la tos nerviosa vuelve. Nos encontramos el tiempo justo para que te traicione y vuelva a tu garganta. La conversación se silencia, es temprano. ¿Cuántos segundos son? 10, 12. Tres pisos y dejarás de mirar hacia el techo, acabará la tos compulsiva, evitarás pensar qué corta conversación reproducir. Al fin abajo, cada uno hacia su lado. Tú a la derecha hacia tu moto. Yo a la izquierda y hacia mi coche. Te abro la puerta del garaje y sales. Durante días ibas de frente y descubrías en el semáforo que te había adelantado por el otro lado. Hoy he visto que hacemos el mismo camino.

Cada mañana te veo apostado en el balcón de la orilla y mirando cómo amanece. El tráfico es denso y puedo detenerme a contemplar tu ritual. Cierras los ojos, extiendes los brazos, la cabeza hacia atrás y respiras el sol asoma. Me despisto del coche, del tráfico, de mi vida y me introduzco en tu mente y, sin permiso, repaso tus recuerdos mientras tu nuca toca tu espalda.

Cada mañana tu pedaleo es constante. Entre coches tu sonrisa no se apaga. Algunas veces el manillar se va hacia alguno de los lados y asustas a los que intentamos esquivarte. Valiente en tu empeño de seguir adelante con el sueño de la mejora. Hace tiempo que sorteaste tu suerte al mejor postor. Por ahora, sigues sonriendo al asfalto, a tu bici y al futuro menos incierto que se presenta ante ti.

Cada mañana cuando llego, ya estás en tu puesto de trabajo. De un semáforo a otro paseas durante cinco horas, incansable. Con los pañuelos en una mano, el diario en la otra y una palabra amable dispuesta. Me guiñas un ojo, miras si voy fumando y me pides un cigarrillo mientras me ofreces pañuelos. Esos ojos nunca deberían tener delante un cristal manchado, me dices. Descansa un rato y fúmate el cigarrillo después del desayuno, te digo.  Podría ser tu padre pero te invito, me dices. Sonrío y pongo primera. El semáforo cambia rápido.

Cada mañana aparco y le sonrío al ceremonial diario. Una hora más robada a la vida, una hora sin pensamientos propios, constantes y solitarios de mis cuatro paredes.

Mañana os espero para seguir pintando sueños a mano.

Gracias H

Gracias H

Gracias por este año que me has regalado. Tus maullidos, tus caricias, tus juegos, tus exageraciones, tu ronroneo atronador... hasta tus enfados me han hecho sentirme acompañada.

Tus maullidos inacabables, ése carácter que tenías, siempre querías quedar  por encima de cualquier cosa que te dijera.

Siempre conmigo, en la habitación que estuviera allí estabas tú. Hasta la terraza a la que no te dejaba pasar, allí te quedabas… en la puerta y, a la que me descuidaba, con un par de patitas dentro.

Las siestas juntos, al lado contrario del que siempre dormías y bien pegadito a mi, tanto que hacías fuerza contra mi cuerpo para no dejar escapar las caricias que me robabas.

La mirada que me mataba, ése color azul que tantos recuerdos me traían. Cómo te quedabas bizco cuando tu mirada se perdía.

La forma tan impulsiva con la que te quitabas el yogur que te puse en la cara y las patas. Mirando mal y dando a entender tu enfado.

Tus patitas a medianoche, cuando  menos me lo esperaba allí estabas despierto y frente a mi esperando recibir algún mimo, reclamándolo con tus patitas en mi cara.

Tus cariños exagerados cuando ya tenías confianza, ésos cabezazos en forma de caricia como si embistieras como un toro.

Con el tiempo me regalaste toda tu confianza y ya me dejabas tocar tu tripa, con el pelaje suave y largo. Fue un triunfo para mi junto a los besos y caricias en la cabeza, me costó un año que me lo permitieras.

Te echamos de menos los dos, tu hermano y yo. Algunos de tus vicios los ha adquirido G, sorprendentemente.

El día 10 de Septiembre nos dejaste físicamente, con la casa y mi cabeza llena de recuerdos. No olvidaré la única vez que he podido cogerte en brazos, la primera y última vez.

Por éste tiempo, tu compañía, tus silencios bañados en miradas y por lo que he aprendido con vosotros

GRACIAS H.

Aniversario eterno

Aniversario eterno

Mis recuerdos infantiles frente a la pantalla de cine se remontan a la película Bambi. Vista en el cine, hoy desaparecido, que había entre el Paseo de las Delicias y la calle Canarias, en aquella plaza aislada del mundanal ruido de hoy en día.

La muerte de la madre de Bambi fue el primer escalofrío para una criatura sensible que ya supo aquel día que el dolor era parte del  mundo y que mi padre, sentado en la butaca de la izquierda, algún día desaparecería igualmente de mi lado, como así sucedió con el tiempo.

El cine me enseñó también aquello de los besos de tornillo, imitado en los juegos de cerilla, botella y verbenas en veranos felices.

El cine me daba prototipos de héroes o villanos que copiar, el elegante Conde de Montecristo o el estafador de espíritu libre de Randle McMurphy. Niñas enamoradizas o rudas mujeres de armas tomar como Sandy o Rizzo. Galanes o chulapones como Danny Zuco o Manero.

Con el tiempo me llevaron al cine con el único fin de hablarme al oído, de sentir el calambre de una voz en el mío. De saber que sus manos sudaban de emoción como las mías. Del cine aprendí sobre el arte de la vida.

El cine juvenil y de la infancia es una mezcla de olor a palomitas, de ambientador barato y Movie Record. Ahora se han cambiado las colas para comprar la entrada por un click en internet. Lejanos los tiempos de reventa en un estreno, cuando el Coloso en llamas o Tiburón

Sin embargo el cine sigue reinventándose saliendo de los barrios para siempre, buscando su lugar en las afueras. Se reinventa y poco cambia, seguimos susurrando en el oído y esperando el calambre y emoción de toda historia.

Y es hoy, padre, en el día de tu cumpleaños eterno, cuando te recuerdo en voz alta. Siempre cumplirás años a mi lado, allá en el cine de Delicias o en el tacto de cualquier susurro.

Finales

Finales

La vida está llena de finales y puntos aparte. Nuestras vidas acumulan tantos finales de etapas como comienzos de otras nuevas.

A lo largo de la vida no hacemos otra cosa que sumar adioses; dejamos atrás el colegio, la carrera, la casa de los padres, un trabajo, un amigo, un amor, un amante, un sueño.

Hay una etapa en la que cada final abre otra puerta.

Con los años, los adioses, los finales suenan más a derrota, a fin de fiesta, más a despedida que a otra cosa. La realidad no tiene apenas vuelta de hoja,.

Con la ficción pasa un poco lo mismo.

Los libros, las películas no acaban siempre como uno querría. Hay finales efectistas, absurdos, tristes, previsibles, inesperados, felices. Finales que te dejan buen sabor de boca o finales que te mosquean.

Hay historias reales o ficticias cuyo final no importa, el placer de ser vividas es lo realmente importante.

Historias con finales que intuimos, tememos, barruntamos y sin embargo, mientras tanto, vemos lejos.

Qué de finales, qué suma de finales, cuantas rupturas, tramas, decepciones.

Cuantos llantos de alegría, sueños cumplidos y nuevas esperanzas en cada nuevo adiós, en cada nueva pausa.

Y de nuevo... tú

Y de nuevo... tú

En año y medio he aprendido varias cosas, algunas ligeras y otras trazadas a fuego en cada surco de lágrima recorrido.

He aprendido a dejarme llevar por una ilusión que se convirtió en obsesión y, fruto de mi carácter, su fin no puede ser otro que pasar a ser dominada. Error, los jugadores estaban a la misma altura y el tiempo empleado en enseñar las cartas fue demasiado, tanto que llegó el hastío.

He aprendido a soltar lastre contigo, jugando en campo contrario y creyendo tener dominada la parcela de los sentimientos. Otro error, cuando el campo estaba demasiado tierno y la tierra podría volverse en mi contra, como así fue.

En parte lo he hecho mal y es debido a mi curiosidad innata. Sé que no eres malo, tal vez y digo tal vez, sea que te has hecho una coraza tan férrea que ahora no seas capaz de caminar sin seguir arrastrando su peso.

Eres inteligente, mucho. Me he roto la boca diciéndolo y la sensación que me llevo es la de haber perdido una batalla contra mi razón. He querido conocerte y, lo que has mostrado, me ha convenció para seguir intentando caminar. El tema está en que las barreras las bajas deprisa y así no hay forma de conocer a una persona. Trazos no son personas.

Hemos mentido, los dos. Cada uno con un propósito no hablado. Desde una primera conversación que tuve hace año y medio hasta hace muy poco, lo he intentado y me he vuelto a equivocar. Soy mi peor juez, de eso no tengo ninguna duda. Contigo me he equivocado en el espacio-tiempo. Conmigo te has equivocado en la forma. Fruto de una conclusión extraída de otra conversación de hace escasos días, éste es el reconocimiento a mis errores.

Sin explicaciones, sin reproches, detrás de ti hay mucho más de lo que quieres mostrar y es recíproco.

A estas alturas, ya somos expertos en buscarnos las conciencias y el miedo real lo noto al no saber cuando podré parar.

Observar, intentar aprender, dar y querer tomar, dejarme golpear, guardar los exabruptos escritos y sonreír ante el recuerdo de momentos generosos. Tienes tu modo y siempre serás mi cuenta pendiente en cuanto a entendimiento y forma real.

Nacido de ella

Nacido de ella

 

Cuando en la tierra sólo había barro y polvo gris, Bast era el único ser que caminaba por ella. También ella era de color gris, como el suelo y el cielo de aquellos tiempos.

Llegó el día en el que se cansó del gris, se sentía sola en aquel espacio vacío. Así que miró a sus enormes pies y caminó por la tierra hasta que comenzaron a brotar flores naranjas, frutas violetas y radiantes árboles rojos.

En seguida se aburrió de las flores, de las frutas y de los árboles radiantes. Nada estaba vivo como ella.

Decidió mirar hacia sus manos y caminó por la tierra hasta que de ellas brotaron personas. Personas azules, violetas, radiantes personas rojas. Imponentes personas naranjas.

Y contempló con orgullo a las personas de colores que jugaban en el jardín del arco iris. Antes de que pasaran dos estaciones las personas de colores comenzaron a pelearse. Las más pequeñas eran las personas violetas, que tenían que subirse a los árboles para observar a lo lejos. Y tenían que comerse a las personas naranjas para sobrevivir. Las altas y radiantes personas rojas preferían usar los árboles para construir sillas y reposar sus grandes y fatigados cuerpos, así que no querían que las personas azules se las fueran a comer. Y les gustaba coger las flores violetas para ponérselas en su largo pelo rojo.

Cada una necesitaba cosas diferentes para propósitos distintos.

Así que se peleaban, gritaban y destruían cosas. Y Bast, en un arrebato de furia, posó su mirada sobre las personas y las pisoteó hasta que sus pies las absorbieron de nuevo, desapareciendo de su jardín de colores.

Sin embargo, volvió a sentirse sola. Así que en un montón de flores secas parió a Khonsu, el primer hombre moreno como ella, su hijo. Le permitió crear a la siguiente persona y él hizo una pequeña mujer violeta. Bast pisoteó a la mujer violeta para absorberla con sus pies, ya había visto el comportamiento de las personas de aquellos colores y no eran de su agrado.

- Quiero una mujer violeta -dijo Khonsu, el hombre moreno.

Pero Bast sólo le permitió hacer una persona de un color que no hubiera aparecido aún en su jardín.

Entonces él hizo una suave mujer blanca, que Bast le permitió conservar.

Y el jardín se extendió hasta los confines de la tierra. Ése fue el origen de las personas blancas y morenas.

Y cada tres mil lunas nace una mujer violeta, sólo vive bajo la luz de una luna antes de desaparecer bajo los pies de Bast.

El mundo no estuvo completo hasta que Bast murió. Khonsu se detuvo a pensar en su madre.

De su corazón surgieron las montañas. De su cráneo emergió la bóveda del cielo. De su sangre aparecieron los océanos. De sus lágrimas surgieron los ríos y del sonido de su llanto apareció la lluvia. Su rostro se convirtió en la tierra de los campos. Sus huesos se transformaron en rocas. Su voz se convirtió en el silbido del viento. Sus gritos se tornaron en truenos. De su dolor nació el Sol. Y cuando pensaba que ya había terminado, le dio a luz a él, la luna. Y de su piel sucia y cansada surgió la humanidad, manchada antes de nacer. Y sus ojos fueron testigos de todo lo que había nacido de ella.

Mi jardín

Mi jardín

 

Fascinada por la niebla diseminada de mi mente, encuentro el día en el jardín, dentro hubo quien pugnaba por llevárselo.

Ronda una curva en el carril de las puertas abiertas, inexorablemente voy abocada a cerrarlas. Difundiéndose entre hojas esa luz y yo... rodeando carcajadas de plena mejilla.

Hay rocío en la sombra y sigo viendo en la última isla un rayo de sol, creciendo poco a poco en la pared manchada.

El momento de pinchazo pasajero, de suelo húmero y tenso, da paso a escuchar cómo crecen los tallos en las plantas.

El aire se espesaba de nuevo. Denso en quietud, eterno por el aroma, de madreselvas frágiles o extendidas y entre los dedos de luna pálida todo su color.

Ya queda un abismo menos de sombra. Ninguna hoja se moverá a mi paso, flor sin pétalos, polillas sin asentarse. En el césped del jardín de mi sueño no quedarán huellas, los pasos comenzarán camino.

Fantasías psicotrópicas, de imaginario diario, rompiendo la ensordecedora tranquilidad de la naturaleza del día. Caracolear titubeo en el extremo sin piedad del día.

Por ahora eran los sueños. Sin llave no hay cofre, sin cofre no hay obsesión, sin obsesión no hay dolor, sin dolor... vuelvo a mi jardín.

El jardín que está por caminar, intacto, intocable... Y al fondo el viento, la lluvia, el sol y el mar.

Calendario vital

Calendario vital

 

Me levanto cada día pensando en que todo el mundo está a mis pies y puedo controlarlo todo. Tengo todo el día para hacer las cosas, tengo todo el tiempo del mundo. Pero el tiempo pasa y pasa, y sin darme cuenta ya es de noche.

Ya sale la luna con las estrellas brillando desde su cuello para indicarme que ya ha pasado otro día, que ya puedo ir descontando el día a mi calendario vital, y llegado a este punto sólo me puedo preguntar, ¿qué estoy haciendo? ¿Cómo me puedo molestar, o incluso pararme a pensar en tonterías que no tienen sentido? Cosas que sólo me hacen perder el tiempo, porque éste se me adelanta y soy yo la que se queda atrás.

No me siento sola ni perdida aunque miro el reloj, veo las agujas moverse y estoy parada. Ya no veo el pasado, éste es borroso, oscurecido. Ya no veo ningún recuerdo, todo queda en un pasado tan oscuro que da miedo.

Sólo queda ayudar al movimiento de las agujas, ir andando por el túnel hasta llegar a una luz que parece lejana y efímera. Andar por el paso del tiempo hasta llegar...

Miro a cada lado y donde antes no veía nada, ahora veo edificios, ideas, ganas. Sin atención  hasta puedo ver personas. Parece que me gritan, que están hablándome pero no las puedo oír, ya no. Y cuanto más me concentro, menos personas veo, sólo aquellas que parecen ser fuertes, aquellas que echan adelante pase lo que pase, y les da igual que el tiempo no les espere porque ellos tampoco esperan.

¿Cómo podemos estancarnos tanto en minucias, como nos podemos herir tanto los unos a los otros, cómo podemos tener una mente tan perversa...?

 

Gestos

Gestos

 

A veces se me hace muy difícil entender el comportamiento del ser humano. Me resulta muy complicado intentar justificar el ego, incluso el mío. Intento justificar conductas egoístas que creo intuir, y más aún si es de personas que han estado próximas a mí.

Ya quedaron en tiempos pasados mil historias por recordar, experiencias vividas en plural que forjaron cada uno de los lazos que amarraba nuestra amistad. Situaciones bañadas en sonrisas y también en lloros, momentos especiales que cimentaron aquel aprecio sentido. Miles de gestos amables, recíprocos y altruistas fueron habituales a lo largo de aquella relación.

Pero, a veces, una sola acción puede dar al traste con todo, una mala elección individual puede condenar una relación. Y a partir de aquí cada momento, quizás, será una nueva ocasión para ignorarse, para hacer más grande la rendija entre los dos egos. Cada pequeño gesto será malinterpretado y seguro que será contraatacado con una respuesta, quizás, desproporcionada.

Ahora ya se han perdido los argumentos y la verdad. Ahora cada cual debe mirar por sí mismo e intentar retomar la vida anterior, con un pedazo menos de aprecio.

Porque el mundo gira y gira inevitablemente y el camino se va llenando de gestos, buenos y malos, que dejan cada historia particular en una mera anécdota más dentro del absurdo general.

Si pudiéramos sumar la cantidad de afecto que nos tuvimos. Dos accidentes tuvieron la culpa, en uno te dejaste los huesos y el amor, en el otro... la cabeza.

Para no mentirte, a veces te echo de menos y te recuerdo, sólo a veces.

 

Descansa en tu tregua

Descansa en tu tregua

Sin saber qué decir, sin saber dónde ir, sientes fallar el calor que tantas noches te ha albergado. Noches donde nacían las palabras de ilusiones soñadas. Noches que ahora sientes oscurecer en tinieblas portadoras de nubes grises que te arrancan las palabras a cada respiro pronunciado.

Y sientes enloquecer la piel muda que te ahoga. Sientes como se marean los pensamientos en una cabeza llena de jardines de mayo florecidos.

Llega la tormenta al latido de los sueños dulces rompiendo la armonía que ahora sientes finita. Y un relámpago te toca la piel todavía virgen por el sol porque un día regalaste por siempre jamás el encantamiento de la luna.

Los sueños acontecen palpables en un mundo mágico a las noches que se eclipsan y llegada la primera luz del día, al abrir los ojos, a una realidad no anhelada.

Entonces, miras al cielo de hito en hito buscando un dictamen ecuánime por tan injusta realidad. Es cuando pones los pies en el suelo y te sientes tragar por la boca del infierno.

Y danzas en un mar de tinieblas enfurecidas con pasos perdidos como mariposas azules festejando los árboles a la primavera. Y te reencuentras con el hechizo de la luna ante tu mirada suspirando la llegada de aquella cometa que te pueda liberar de tu desmayo.

Si estás eres, si eres vives y si vives revivo. Sin descanso ni tregua... Tú y yo.

 

Aprendiendo a reír al son de nuestros latidos. Nuestro día a día construye ilusiones vestidas de renacer.

Enloquece mi alma al sentir su sonrisa. Y es ahora cuando busco sus manos que de forma inmisericorde la distancia se lleva.

Vendrán despertares y la agonía será diferente, ahogada en luz y brillo. Todo por ganar ante el nuevo sol de su mirada.

Me descompone para recomponerme una vez más. Así me quiere, libre y suya. Así le quiero, entero y confiado.

Si me llama estoy, si viene vuelo y si es seré. Sin descanso y en mesurada tregua... El y yo.


Nunca dejé de vivir, ni cuando respiraba despacio, ni ahora que me hace palpitar al ritmo de su resuello. Tenemos una senda por delante y nos esperamos en la encrucijada de nuestras palabras, en el cruce de las miradas que aguardan impacientes.

Los dos enterraremos a puñados de tierra amarga su pasado y el mío, para volver a edificar un presente... nuestro presente. En el que renaceremos cada atardecer para volver a morir en brazos de cribados amaneceres con tacto de orquídea y lienzo gastado.

Desvelaremos otra ciencia exacta dando paso a un ser único, la dicotomía de nuestro ser con una sola raíz y un tiempo inacabable y exclusivo.

Existe y me tiene, estamos caminando, juntos sentimos. Sin pausa quieta ni reposo lejano... Siempre, sólo, únicamente... Él y yo.

Esta noche

Esta noche

 

Agitar fuertemente los pensamientos para marearlos con la esperanza y que no encuentren la senda por recorrer ante la debilidad de mi fortaleza. Debilidad que escondo pero que inevitablemente percibo en cada gesto, en cada intento de adelantar en un camino que parece no acabar nunca. Y me adentro en bifurcaciones de dudas desconocidas, sin distinguir las trampas de la realidad, dejándome llevar cegada por las prohibiciones convertidas en efímeras por mí misma y, seguramente, no vuelvo a escoger el camino acertado.

Zarandeo los pensamientos para distraerlos de mi mente y enseguida me doy cuenta de la falsedad de este asunto efímero que acontece perpetuo en el momento en el que dejo de soñar.

En la placidez del cielo busco la serenidad tan ausente en estos días. En el oscuridad de la noche lucho por deshacerme de la inquietud que desenmascara el saber estar de mi tranquilidad.

¿Por qué no siento el sosiego si tengo la voz quebrada de tanto gritarla? ¿Por qué te deja entrar mi mente si ya hace tiempo que cerré las puertas con el cerrojo? ¿Por qué remueves el pasado cuando sabes que tu lugar es la reminiscencia del olvido?

En el deseo de borrar aquel sueño dulce, hoy sorprendentemente te he encontrado...  Sin buscarte. Sabes que te guardo en el recuerdo remoto. El recuerdo lejano que tengo más a mano.

Esta noche el sueño me ha sacudido los pensamientos. Esta noche la realidad ha golpeado mi sueño. Esta noche anhelo poder sentir otro calor en la realidad del abrazo olvidado.

A la orilla de tus sueños

A la orilla de tus sueños

 

Aire necesario por deseo, respiro acontecido en rayos de luna que sanan. En fugaz estrella caída del cielo para protegerte de las pesadillas más temidas.

Ventanales decolorados por el paso del tiempo, por el camino del sol reflejado en nuestra piel.

Huellas de cada uno de los que han compartido con nosotros retazos de vida, impregnadas en nuestro talante, en el hacer y deshacer de nuestras manos, en las miradas de nuestros ojos cómplices.

Soledad solitaria de los días calurosos de verano bajo tormentas empapadas en bochorno. Soledad escondida tras pensamientos silenciosos de miedos arrinconados. Soledad desaparecida en la noche más cálida, en la palabra dibujada, en el silencio buscado, en el abrazo esperado, en el beso más tierno o en la confluencia de caricias en tu piel esponjosa.

La espera es larga, el camino lento, ahora... casi ya, La llegada es inminente.

Espero a la orilla de tus sueños el respiro llegado con las oleadas de mi mar de fondo. El mar de tu tierra, la sal de tu piel, la escritura calcada a cada paso reencontrado en tu pensamiento.

Muere para volver a nacer

Tiempo

Tiempo

 

El tiempo pasa y se acercan otros tiempos. Tiempo que a cada paso se hace más difícil. Pasa el tiempo rápido y curiosamente, muy lento...

Tiempo de espera para nuevas esperanzas. Tiempo fugaz en el tiempo que se acaba. Tiempo pasajero de nuevas estaciones portadoras de sensaciones, de sentimientos, de miedos...

Y de pronto las horas convierten el aire en un ahogo denso, en unas piernas cansadas incapaces de llegar a los días anhelados, en una mente nublada que no encuentra la claridad de la concentración.

Sensación de tiempo agotado, ya no queda tiempo para encarrilar este destino. Un destino tan deseado por todo este tiempo.

Esconderse

Esconderse

 

Disfrazando las palabras dulces con un amargo tono de sinceridad. Arrinconando las más íntimas bajo un silencio callado. Helando con una sonrisa disimulada todo aquello que querría hacer más transparente que nunca.

La embriaguez de los pensamientos se perpetúa en este desafío del tiempo. Sin detalle que amanse las preocupaciones, ni gestos que fortalezcan la calma.

Provocación reflejada en noches densas, donde se mulle el corazón cada vez que no se trazan las palabras pronunciadas.

Duelo de contradicciones no merecidas, ignorando ser hijas de la desilusión o quizás del recuerdo de lo que un día llegó a ser.

Paseando por todos los caminos menos el añorado por no caer en el tan temido desengaño.

Me doy cuenta de que la distancia es más corta cuando me alejo. Sigues aquí, te resistes a marchar. Aquí estoy y me resisto a que te vayas.

Es cuando sueñas que paseas a mi lado. Es cuando paseo que sueño a tu lado.

Es entonces cuando te daría la llave de mi escondrijo para que pudieras encontrarme...

Al calor de la chimenea

Al calor de la chimenea

Me gusta el mar en invierno, pasear descalza donde las olas pierden su furia.

La jarana de los niños en el parque mientras juegan. Cruzarme con unos ojos desconocidos que me miran misteriosos y unos labios sonriendo.

Los días de lluvia mientras me quedo en el sofá mirando como cae. Perderme en las palabras de un libro que me aprisiona, y soñar, soñar y soñar.

Las cajitas pequeñas y las grandes, los baúles para guardar mis tesoros de todos los colores y medidas, me gusta combinarlos.

Me gusta escuchar al silencio, mirar el cielo y pensar, recordar, delirar...

Encontrar la quietud de la noche para escribir con los ojos cerrados y abrirlos entre parpadeos de sentidos.

Sentir mis dedos rozando mi piel y erizarme con las cosquillas que me provocan. Bañarme en un rayo de sol y ahogarme en el aliento del aire puro de la montaña. Embelesarme mirando como cae el agua, como va y viene, como tiembla...

Las libretas pequeñas donde poder escribir mis secretos. La fruta de colores vivos, las flores secas y la cerveza teñida de gaseosa.

Me gustan los abrazos tiernos y los besos dulces, las miradas cómplices de ojos almendrados.

Esperar una llamada mientras escucho aquella canción. Levantar los dedos y comenzar a tocar la melodía y después, volver a escuchar al silencio e inspirar profundamente,  mientras sonrío.

Me gusta sentarme al lado de la chimenea y sentir el calor de los que quiero, aderezado con el crepitar del fuego mientras baila muy despacio con la leña.

Pensar que en algún lugar hay alguien esperando una señal, un indicio de que  las nuevas estaciones le llevarán hacia el nombre que haga juego con el suyo. Y que en algún momento pensará que ya está bien de esperar.

Imaginar el sitio donde estás escuchando la misma canción... Me gusta pensar en el momento que la bailaré contigo...